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El día que Keith Haring hizo visible el sida

Fuente: El Mundo

El próximo febrero se cumplirán 30 años de la visita de Keith Haring a la ciudad. El mural que regaló a Barcelona, ‘Todos juntos podemos parar el sida’, provocó una pequeña revolución en el Raval y marcó la concienciación respecto al sida. Una exposición en el Macba y un documental recuerdan aquel momento.

El próximo febrero se cumplirán 30 años de la visita de Keith Haring a Barcelona. El artista aterrizó en el Raval como un ovni: con una enorme sudadera, unas Air Max último modelo que fascinaron a todos los niños (y no tan niños) del barrio y un radiocassete gigante del que durante dos días, los que tardó en completar su famoso mural contra el sida, no paró de salir acid house, su música favorita para pintar. Haring escogió la calle más deprimida de lo que por entonces todavía se llamaba Barrio Chino (la leyenda dice que contó las jeringuillas que había por el suelo y donde más encontró, ahí se quedó) para pintar un mural con un mensaje activista, Todos juntos podemos parar el sida, que marcó un antes y un después en la lucha contra el VIH en España. La exposición Anarchivo sida en el Macba y el documental 30 años + de Lulu Martorell y Roger la Puente conmemoran el regalo que el artista pop hizo a la ciudad.

Haring aterrizó en España en febrero de 1989. La primera parada fue Madrid: visitó el Museo del Prado, le encantó El jardín de las delicias del Bosco («contemplarlo te abre los sentidos», apuntó en su diario personal), le llevaron a Arco («aburridísimo, el efecto opuesto que el Prado») y al cabo de unos días vino a Barcelona. Allí visitó el Museo Picasso y en la inauguración de una exposición de Frederic Amat coincidió con Montse Guillén, a la que ya conocía de frecuentar El Internacional, el restaurante de tapas que Guillén tenía con su compañero, Antoni Miralda, en Nueva York. «Un día vino Andy Warhol con Haring y Basquiat al restaurante. Pidieron butifarra amb mongetes. Le pedí a Warhol que me firmara dos menús y recuerdo que dijo: ¡pero si ellos son mucho más importantes que yo!», cuenta Guillén en el documental.

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Archivo SIDA

Fuente: Exit Express

Bajo el nombre Anarchivo sida, el colectivo Equipo re (Aimar Arriola, Nancy Garin y Linda Valdés) ha desarrollado un trabajo de investigación y producción sobre la dimensión cultural y social de la continuada crisis del VIH/sida en el Estado español y en Chile que podrá verse en el MACBA desde el 14 de noviembre al 18 de abril de 2019. La propuesta se centra en la ciudad de Barcelona en la década de los 90’s y se despliega a partir de tres casos de estudio: el activismo del colectivo Act Up-Barcelona, la presencia del artista norteamericano Keith Haring en la ciudad y la heroína.

Centrándose en la década de los años noventa, la muestra se fija en el año 1996 como fecha bisagra definida por el uso de combinaciones de fármacos o Terapia Antiretroviral de Gran Actividad (TARGA), que producen un giro en la llamada pandemia del sida: el VIH/sida deja de ser una cuestión de vida o muerte, hecho que constituye un punto de inflexión para los espacios de lucha. Este marco trabajado desde Anarchivo sida se estructurará a través de dos líneas argumentales: las maneras de hacer el espacio púbico y la farmacologización de la vida. Los tres casos de estudio mencionados anteriormente convivirán con materiales artísticos y culturales de Barcelona y otros contextos organizados en torno a la categorías de esfera pública y farmacologización de la vida. En este sentido, se visibilizará la transición entre la generación de materiales circunscritos a la estética de los años ochenta hasta su desaparición con la eclosión de la globalización.

Mientras que en las primeras dos décadas de la crisis del VIH/sida las prioridades eran la prevención y la supervivencia, este proyecto asume que la realidad de vivir con VIH hoy es diferente según para quién y según dónde. En Barcelona, vivir con VIH en 2018 no necesariamente implica transmisión, tratamiento o muerte. En otros contextos, no obstante, la realidad es otra. Como muestra: en 2018, Chile ha declarado el VIH «una emergencia nacional», a causa del rebrote de transmisiones sumado a la falta de acceso a terapias actualizadas. Por lo tanto, igual que la crisis del VIH sigue, las respuestas han de seguir.

Anarchivo sida cuenta con material cedido por 14 agentes. Asímismo, la idea de archivo que plantea la muestra quiere mantenerse como una propuesta activa y viva, y no concebirse como un mero punto dipositario. Así pues, la exposición contará con un grupo de estudio activo que generará materiales y piezas complementarias, en relación con los agentes de la ciudad de Barcelona y que se ubicará en el Centro de Estudios y Documentación del MACBA (CED), espacio que tiene como misión ser un fórum de encuentro, de interacción, debate y generación de ideas sobre la producción de arte contemporáneo.

(Anarchivo sida en el MACBA, Barcelona. Del 14 de noviembre al 18 de abril de 2019)

Los estragos que el sida hizo en el arte

Fuente. El País 

Los estragos que el sida hizo en el arte

El primer panel de cada exposición, ese que suele resumir la biografía del artista homenajeado, incluye una frase casi idéntica. “Murió por complicaciones derivadas del sida”, reza la funesta apostilla que alude al exterminio provocado por la enfermedad en los ochenta y los primeros noventa. La generación de artistas que emergió durante ese periodo, diezmada por el avance imparable del VIH en las grandes ciudades, ha protagonizado la temporada estival en Nueva York, donde distintas muestras han reexaminado un periodo poco documentado por las instituciones del arte. La principal es la retrospectiva que el Whitney Museum ha dedicado a David Wojnarowicz, figura emblemática de aquel arte de guerrilla que proliferó hace varias décadas en los decadentes muelles del río Hudson, acogida con una mezcla de aplausos y controversia.

da y mutante, en la que se mezclan la pintura, la escultura, la fotografía, el collage y el vídeo. Para el artista, como para tantos en aquel tiempo, lo personal era deliberadamente político. Antes de fallecer en 1992, a los 37 años, Wojnarowicz tuvo tiempo de liderar una batalla: la que hizo que las autoridades de su país, “esa máquina de matar llamada América”, admitieran la existencia de una epidemia que mataba a miles de personas al año en medio de una indiferencia casi general. Su obra nunca sería objeto de los laureles que sí recibieron otros artistas de ese círculo, como Keith Haring, convertido en improbable carne de merchandising. La muestra en el Whitney, que llegará al Reina Sofía en mayo de 2019, aspira a reparar ese olvido.

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