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“El sida me enseñó a vivir”

Fuente: El País 

Dmytro Sherembey en una imagen de su archivo personal.

Le dieron dos meses, “como mucho”. Dmytro Sherembey fue diagnosticado de VIH (virus de la inmunodeficiencia humana) en 2001, con 24 años. Su “mala vida” —resumida en alcohol, drogas y sexo sin protección— desembocó en unas siglas que presagiaban lo peor. Cuando se sentó frente al médico estaba demacrado. Había frenado el carro hacía unas semanas, debido a una preocupación latente que no ahogaban ni sus travesías lisérgicas. Pero moverse por el mundo le costaba como si estuviera buceando el aire. La conciencia y la anatomía le pesaban más de lo habitual. Y decidió plantarse en la consulta con su mejor rostro. Si los análisis daban negativo, pensó, es que podía con todo: era invencible. Si salían positivos, cambiaría su hoja de ruta por el mundo.

Como se puede intuir, no tuvo más remedio que optar por la segunda parte del plan. El mazazo que recibió en aquel centro de salud volteó por completo sus aspiraciones, su futuro. Le llegó, dice ahora en un bar del centro de Kiev, en una época “sin apenas información” sobre la enfermedad. Al menos, puntualiza, en Ucrania, su país. Los resultados tardaron dos semanas desde la extracción de sangre. Un tiempo que dedicó a pensar sobre el amor a su familia, que había descuidado en su periodo de maceración etílica, o sobre las reglas que la existencia marca: descubrió que saltárselas acarrea consecuencias irreversibles. “Sobre todo, creía que mis posibilidades para cualquier cosa se reducían mucho”, rememora. Una “catástrofe” anímica, describe, causada por el sentimiento de culpa y la sentencia de muerte expedida por los médicos.

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VIH: Los que admiten que no hacen lo suficiente

Fuente: El País 

Imágenes de la campaña de Unicef para frenar el VIH entre adolescentes.

Los representantes de los Gobiernos, las organizaciones de la sociedad civil y organismos de las Naciones Unidas suelen llevar a las reuniones en la ONU un guion bien preparado para transmitir el buen trabajo realizado y las tareas pendientes. “Tenemos que…” es una de las muletillas que más se repiten en estos encuentros, como el Foro Político de Alto Nivel en Nueva York, en el que se evalúan anualmente los progresos en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). En la cita que organizó la misión de Irlanda en el marco de este foro el pasado julio ocurrió algo distinto de lo habitual: los asistentes reconocieron uno por uno que los esfuerzos para garantizar la educación y salud de las niñas no son suficientes.

“No he venido aquí a contar una historia triste”, comenzó el moderador Mohamed Sidibay, de 25 años. Podría haberlo hecho. Este activista defensor del derecho a la educación quedó huérfano durante la guerra civil en Sierra Leona. No solo fue testigo de cómo asesinaron a su familia con cinco años, sino que fue obligado a combatir. Cuando el conflicto finalizó, su comunidad le rechazó. Tras recibir apoyo de una ONG, con 14, fue invitado a impartir unas charlas sobre su experiencia como niño soldado en universidades estadounidenses. Cuando le tocaba volver, se negó a embarcar en su vuelo y decidió permanecer en EE UU para comenzar una nueva vida y trabajar para mejorar la de otros. “La mía es una historia sobre hacer lo suficiente. La pregunta es si todos pueden decir lo mismo”, agregó. Los panelistas no pudieron responder que ellos también.

Esta reflexión marcó todas las intervenciones en el debate organizado en Nueva York por la misión permanente de Irlanda ante la ONU junto con el Gobierno noruego, el Fondo Global contra la tuberculosis, el VIH y la malaria y la Alianza Global por la Educación. El tema a tratar: la relación entre la educación de las niñas y la mejora de la salud de la población, especialmente en la prevención de enfermedades infecciosas. Este reto tiene que ver, al menos, con tres de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible: el número 3.3 —para 2030, poner fin a las epidemias del sidatuberculosis y malaria—, el 4.1 —que todos los niños tengan una enseñanza primaria y secundaria completa, gratuita, equitativa y de calidad que produzca resultados de aprendizaje pertinentes y efectivos— y el 5 que llama a poner fin a todas las formas de discriminación que sufren las niñas y las mujeres.

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¿Qué es TRIVIHAL Positivo?

Fuente: Fundadeps

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Desde la Fundación de Educación para la Salud (FUNDADEPS) del Hospital Clínico San Carlos, con el apoyo del Plan Nacional sobre el Sida (MSSSI), se pone en marcha TRIVIHAL POSITIVO, un proyecto que trabaja desde la prevención y la promoción de la salud en el ámbito del VIH poniendo el foco en las situaciones de riesgo que se producen dentro de determinados grupos. Es un proyecto dirigido tanto a población general como a personas VIH positivo que pretende atender de forma lúdica a la reducción de las desigualdades sociales en salud vinculadas con la falta de información. ¡Diviértete aprendiendo!

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